Mario está absorto en sus pensamientos. Ella
no quiere interrumpirlo pero sabe que pronto tendrá que hacerlo. En el
escritorio metálico y desvencijado reposan desde hace rato los dos huérfanos
que todavía le quedan; los únicos. Los otros
ya no están, bien porque se murieron a la espera de un aliento de
libertad o bien porque sus padres aparecieron, se los llevaron y ahora están
más huérfanos de lo que estaban ahí dentro. Los dos ahora son solo eso, dos carpetas
iguales pero que recogen dos universos distintos. Uno resume su vida en solo
tres hojas y ha sufrido más golpes en dos años que los que Mario ha tenido en
toda su vida. El otro tiene más hojas, pero menos historia y aunque un poco más
flaco, también le parece lindo. Mario sabe que su cabeza y su palabra tendrán
que tomar una decisión. Desde lejos, los sonidos y los hedores de la casucha le
taladran el alma; la siente presente y pegajosa, y la sufre a medida que vislumbra como poco a
poco habrá de tragarse al no electo en medio de la mugre, las hambres, los
golpes y el olvido. Decir un sí
puede ser la redención para un alguien, decir un no, una condena a la muerte en
vida para un otro. La mujer no quiere afanarlo, pero pronto tendrá que hacerlo. Mario, sin quererlo,
hoy tendrá que ungir como un Dios; hoy tendrá la potestad de elegir quien vive
y quien deberá empezar a morir. Mario quiere elegir no tener que elegir, pero
esa opción no aparece en su menú. La
mujer, con la pinta apagada y fría de su ser-funcionaria, se ha levantado y con
su silencio incómodo le ha pedido elegir ya. Mario ha tomado una carpeta sin
mirarla, la ha abierto y ha buscado la página de las firmas y las sentencias.
La adopción es un hecho. Aún no sabe por quién se ha decidido el azar, su azar. Solo sabe que en pocas horas, una carita
feliz estará llenando el vacío que la naturaleza infecunda le ha impuesto a su
hogar, mientras otra carita, la otra que
ha desechado, sucia y llorosa, quedará condenada a una espera de nunca acabar,
pegada a la única reja que da a la calle y violentada por el hambre y la
indiferencia, mientras espera que milagrosamente aparezca otro Mario; un Mario distinto, no este, pero que llegue antes de que la muerte se tome el espacio, lo acabe todo y acabe en
nada.
1. Ungir: aplicar óleo u otro elemento ritual como parte de una ceremonia real o religiosa; investir. /// o Fungir: Actuar, funcionar, desempeñar un cargo.?
ResponderEliminar2. ¿Por qué el hombre está sólo frente a esta situación? ¿Donde esta la mujer?
3. ¿Por qué el que no se elija morirá?
...
Me gustaría que pusieras los puntos y aparte.
:)